Ir al contenido principal

Entradas

Rodeada

caminaba sin proponérselo hacia ese lugar de sí misma del que hace años huía una vez fuera recordaba siempre ese allí como tras un gran velo una gran resaca, una explosión, un hilo de sangre de la nariz tras revisitar ese espectro suyo, añoso comprendía que más que una sombra ese lugar era un pitido una sordera una imagen retardada un sinsentido prometía no regresar deambulaba paisajes nuevos siempre tras un gran anhelo una casa extraña, un vínculo insólito, un hilo de plata que siempre la encaminaba, sin preguntárselo hacia ese lugar de sí misma  del que hace años huía

Antología Cuentos de amor lésbico

Mi  cuento Esas Cosas, fue seleccionado para la Antología de Cuentos de Amor lésbico, publicado por Domo ediciones

Cumbre de Focas 2 on line!

Aqui el link para chusmear, leer, masticar, gozar y compartir   Cumbre de Focas 2 En clave Morsa Imagen de portada: Lucinda Youns

mi cuerpo

jamás se congela ni desorienta titila, fluctúa y arremete centrípeto en sus deseos; viaja duerme suda y llora todo lo goza, mi cuerpo no se enmudece ni paraliza concupiscente y gestante; impele sangres, risas y encuentros se agota a veces mas es bravío, amoroso e infinito ahí en la fuente donde le sacian y extasian.
"normal" dijo el médico, cuando vio lo que escribió mi corazón. "imposible" pensé yo, así baila uno que se siente en expansión

Tropezar con una misma

De una dentada arranqué a ese animal mítico que habitaba en mí. Fue tanta la luz que entró que por un momento creí ver sólo un gran vacío, pero silueta, polvo y materia se irguieron los episodios que me habían nutrido desde semilla. Y parecían de pronto, todos imbricados con cada sonrisa reciente con cada respiro de alivio con cada abrazo al enigma. El animal mítico, tapón de las heridas me había ocultado la vigorosa presencia de muchas rasgaduras juntas. Arranqué esa humedad de mí  y tropecé a carcajadas con un antigua foto, con frases repartidas en papeles diminutos con aullidos, piedrecillas, amantes y familiares que me susurraban el nombre que cada una de ellas y ellos me habían dado y me reconocí en cada uno me nombré con un suspiro caía,  había tropezado con restos de energías, de tejidos colectivos caía, pero caía riendo porque reconocía esa montaña que manaba de mí. Cuando la vi desde abajo sentí que me brotaba del pecho, el vientre y las orejas. ...

Fin de trayecto

Asistir al derrumbamiento -por capítulos- de un modo de conocerse, es a veces  la única despedida certera que le nace a una, para anclarse un poco más al presente; esas condiciones reales que están  más acá del deseo o la nostalgia. Así hacemos, quienes amamos los trayectos, conduzcan a donde nos conduzcan. *gracias a Lau por la primera triada de palabras.